Si el domingo pasado Jesús nos dejaba un sabor amargo, con la parábola del siervo sin entrañas, una parábola que mostraba lo tenebroso e inhumano que se vuelve el mundo cuando no hay ni perdón ni misericordia, hoy nos sorprende y deslumbra con esta maravillosa parábola del generoso dueño de una viña. Propietario que encarna perfectamente la insondable bondad de Dios.

La parábola empieza como muchas otras: “El reino de los cielos se parece a un propietario…” . A través de la actuación de este personaje se nos irá descubriendo, con una fuerza increíble, la fuerza de la bondad y del amor de Dios...