El Jueves Santo y este domingo también celebramos a Jesús Eucaristía. El Jueves Santo hacemos memoria de la institución de la Eucaristía. La fiesta de Corpus que hoy celebramos señala que el Amor es el centro de todo, que la Eucaristía condensa en sí todo lo que fue Jesús: entrega, don total, amor hasta el extremo. Y este día suele ser acompañado por una procesión por las calles de la ciudad, pero ¡atención! no es una procesión triunfalista sino nuestra proclamación pública de que Dios es amor que se dona sin límite alguno, y por esto nosotros queremos vivir lo mismo, esa entrega total con el mismo amor. Ambas afirmaciones son el sentido de la procesión de esta fiesta de Corpus Christi. Sí, porque los cristianos, desde los inicios de la Iglesia, al celebrar la Eucaristía sabían y se sentían comprometidos a vivir lo que el sacramento significa, conscientes de que recordaban lo que Jesús había sido y comprometiéndose a vivir como Él vivió...

 

Hace falta que tengamos siempre la mirada sobre los signos Eucarísticos que contemplamos en cada misa. El primer signo es el Pan partido y preparado para ser comido, es el signo de lo que fue Jesús toda su vida. El signo eucarístico no es simplemente un pan sino un pan partido, sino también un pan en disponibilidad de poder ser comido. Jesús estuvo siempre preparado para que todo el que se acercara a Él pudiera hacer suyo todo lo que Él era. Se dejó partir, se dejó comer, se dejó asimilar. El segundo signo es el cáliz lleno de vino que contiene su Sangre. El vino es símbolo del amor, de la amistad, del deseo de compartir. Este vino, esta Sangre, se derrama, es amor que perdona y lava los pecados de todos. Pero que también convida a vivir en el amor y la amistad con todos.

CCV

 

Al comer el Pan y beber el Vino consagrados, estamos diciendo que hacemos nuestra su vida y nos comprometemos a identificarnos con lo que fue e hizo Jesús.

Por eso la Eucaristía reclama que nunca perdamos de vista las otras presencias de Cristo. En primer lugar su presencia en la Palabra evangélica, sin ella no podemos hacer nuestra la vida de Jesús ni sabremos en qué consiste amar hasta el extremo como Él ama. En segundo lugar la presencia de Cristo en cada hermano, es decir, en aquellos por quienes Cristo se entrega totalmente y nosotros con Él.

Todo esto hace a Santa Teresa tan acertada al hablarnos de la Eucaristía cuando comenta el Padrenuestro en su obra Camino de Perfección, por cierto, son las páginas más bellas que salieron de su pluma. Según su experiencia, y en total coincidencia con lo que vivían los primeros cristianos nos dice que Jesucristo instituyó la Eucaristía para que seamos sostenidos en el cumplimiento de la voluntad del Padre: «Pues visto el buen Jesús la necesidad, buscó un remedio admirable adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y en el de sus hermanos pidió esta petición: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, Señor”. Entendamos, hermanas, por amor de Dios, esto que pide nuestro buen Maestro, que nos va la vida en no pasar de corrida por ello...». Es decir, que se cumpla plenamente la petición que hacemos en la oración del Señor “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, por eso dice la santa: «pues no se queda para otra cosa con nosotros sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad que hemos dicho se cumpla en nosotros».

Este año las grandes celebraciones de nuestra fe nos llevan a vivirlas de una manera muy particular. La situación de cuarentena que vivimos nos ha quitado la posibilidad de participar de la eucaristía “sacramental” pero no de la eucaristía “existencial” es decir, la celebramos la Eucaristía asumiendo las circunstancias que hoy vivimos y las convertimos un verdadero “partir el pan”.

Por eso nuestros obispos nos recordaban que «este “ayuno de Eucaristía” podemos vivirlo eucarísticamente, es decir, con los mismos sentimientos de Jesús que entrega la vida… podemos tender una mano a los más pobres. Caritas, por ejemplo, ofrece hoy varias iniciativas de voluntariado, ayuda y solidaridad… Tenemos que aprender a «sentirnos responsables del camino común que, como pueblo argentino y como humanidad, estamos transitando». (Sergio Buenaventura, obispo de S. Francisco, Córdoba)

Celebrar la Eucaristía existencialmente es tener «esta certeza, hoy más que nunca, la Iglesia y los cristianos tenemos que dar el testimonio de entrega generosa por amor al que más sufre, creando ambientes de calma, servicio y esperanza» (Eduardo García, obispo de San Justo, Bs As).

Fr. Pablo Ferreiro, ocd.