Para comprender el evangelio de hoy tenemos que tener en cuenta la primera y la segunda lectura que hoy nos ofrece la liturgia. La primera es del libro de la Sabiduría, presenta la sabiduría como fruto de la oración. Es la capacidad para orientar la vida según la voluntad de Dios en todas las cosas. La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, es un llamado a confrontarse constantemente con la Palabra de Dios para poder discernir constantemente lo que hay en nuestro corazón y lo que va sucediendo en la historia...

 

Los discípulos siguen con las idea fija del poder. Jesús los va instruyendo para que asuman otra mirada de la realidad. Hoy esa nueva mirada la ofrece el encuentro de Jesús y el hombre rico. Este hombre también cree en el poder, el que da el dinero y el que da la “buena” imagen. Aquí tenemos dos grandes pilares de la injusticia y de la deshumanización: el poder y el tener.

El hombre rico que se acerca a Jesús y expresa el deseo más profundo del ser humano: el deseo de Dios mismo, eso significa «heredar la vida eterna». Deseo de Dios que comienza a colmarse aquí hasta su total satisfacción en la eternidad.

La primera respuesta de Jesús es invitarlo a cumplir la Ley de Moisés. Que no se nos pase por alto que Jesús solo cita los mandamientos referidos al prójimo. Con esto quiere sacarlo de su egocentrismo, quiere volverlo fraterno y solidario.

Sorprendentemente el hombre asegura que cumple con todo desde su juventud. Sin embargo ahora va a demostrar que vive encerrado y “protegido” de los demás, mediante el apego a sus bienes, a los que atribuía ser signo de bendición divina, como pensaban todos en su tiempo. Sabe ser piadoso pero no sabe “desprotegerse” mirando la necesidad de otros y escuchando su clamor de justicia. Porque si lo hiciera compartiría sin duda alguno de sus bienes.

Jesús, en cambio, escucha el clamor verdadero del corazón de este hombre, entiende su sentimiento de infelicidad y frustración interior. Le va a proponer darle un nuevo sentido a su vida.

San Marcos señala que «Jesús lo miró con amor». Lo que va a pedirle a este hombre «ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme», sólo se puede realizar desde el amor. Precisamente el amor fundamento y da sentido a todo.

Jesús, fue proclamado en el bautismo del Jordán como «el hijo amado», lo que nos permite entender todo el evangelio en clave de amor.

Él ha mirado la rectitud de este hombre y su buena intención. Cierto que esta rectitud está mezclada con el egocentrismo, la afición a los bienes materiales, la falta de solidaridad plena, pero así y todo Jesús cree que puede dar un paso hacia algo mejor. Por eso le expresa su amor que será la plataforma para vivir de una manera nueva.

Esta mirada de amor de Jesús, que viene anunciando la Pasión, es signo de su entrega. Por eso la propuesta al hombre rico no se limita a pedirle que se desprenda de sus bienes y los comparta con los pobres. Le agrega « ven y sígueme», es decir, lo invita a hacer juntos el camino de amor entregado en favor de toda la humanidad, a ponerse al servicio de todos.

La respuesta del hombre es frustrante: no pudo percibir la llamada del amor por encima del apego a las riquezas, por eso rechaza la propuesta de Jesús y se va entristecido. Y con esta decisión elige vivir sin experimentar la alegría y la libertad de los discípulos de Jesús.

La propiedad de los bienes materiales le da ante los demás una imagen de “santidad”, todos lo reconocerían como el bendecido por Dios, según sostenían algunos libros del Antiguo Testamento.

Pero no solo eso. La propiedad de los “mandamientos” cumplidos lo hacen pensarse “bueno” ante Dios.

Así que la apropiación de los bienes materiales y espirituales le impiden el contacto consigo mismo, le impiden la vida interior. Por eso le dio la espalda al amor que Jesús le ofrecía. El problema que este hombre no ha discernido, es el pecado de apropiación:

«Lo mejor que tenemos es la aspiración al ideal, al Bien supremo, a Dios. Y es también lo peor, ya que, por la apropiación, hacemos de Dios un ídolo para nuestros intereses, y del ideal, una meta para la autojustificación, y del Bien, no una Gracia, sino un derecho». (Javier Garrido).

El hombre rico ¿tendría miedo de conocer de cerca el dolor y las necesidades de los hombres? Eso explicaría su repliegue egoísta y su apego a los bienes materiales y espirituales

Pero no “sentir” al prójimo también impide sentir el amor de Dios. Por eso abandonó a Jesús

Hoy el evangelio nos revela que la fe es un encuentro personal y en el amor con Jesucristo. Sin este amor no se puede vivir la propuesta que Jesús nos hace.

También nos deja en claro que para ser cristiano no es suficiente con ser irreprochable. Jesús nos invita a vivir una bondad, expresión del amor, en una relación de amistad que nos impulsa al servicio de todos, como Él lo fue.

Fr. Pablo Ferreiro, ocd.