Asombra los modelos humanos que Jesús encuentra y con los que nos educa en su seguimiento, para que seamos realmente discípulos suyos. Suelen ser modelos insólitos e inesperados. El domingo pasado lo fue un ciego que además era mendigo, que supo clamar desde lo más profundo de su verdad y su dolor, y cuando se encontró con Jesús pidió lo que necesitaba. Después se decidió a seguir a Jesús por el camino...

 

Hoy el modelo es una viuda. Otra persona marginal, débil y pobre. La viuda, en tiempos de Jesús, es la una mujer que ha perdido todo por no tener ni marido, ni hijos varones que la representen y provean lo necesario para la vida. No tiene nadie que pueda sustentarla. Lo lógico es que se pasara preocupándose por sí misma, de alguna manera se volviera egoísta, buscando su seguridad, protegiendo su vejez. Pero esta mujer tiene otras opciones muy distintas a todas las que hemos nombrado. Ella tiene una fe auténtica por eso confía en la providencia amorosa de Dios.

Esta viuda del evangelio de hoy, como el ciego Bartimeo, se diferencia profundamente de los discípulos que siempre aspiran al poder. Se diferencia del joven rico que no acepta la amistad con Jesús porque prefiere retener sus riquezas. Se diferencia de los fariseos que no se abren a la novedad de Dios en Jesús sino que se aferran a sus méritos, que les sirve de muro alto e infranqueable contra todos los que no son como ellos. También se diferencia de los maestros de la Ley, los intelectuales de ese entonces, formadores de opinión para el pueblo, pero que evidencian engreimiento «les gustan ser saludados en las plazas», vanidad «buscan los primeros puestos en la sinagoga y en los banquetes», codicia «devoran los bienes de las viudas», hipocresía « fingen hacer largas oraciones». Es decir, usan a Dios y a la religión para sus propios intereses egoístas.

La viuda, como el ciego Bartimeo, pone su confianza en Dios Padre, y no en el dinero ni en el prestigio, ni en la fama de piedad, típicos refugios de personajes inmaduros afectivamente, que necesitan poseer, controlar, dominar para sentirse bien. Grave herida por la que hoy sangra la Iglesia, una Iglesia controlada por personajes que creen en el poder de la imagen, en el poder del dinero, en el poder de la violencia y que tanto daño han hecho a los pequeños, ya sea adultos o ya sean niños, que son los preferidos de Jesús, los que Él mismo ha colocado en el centro de la Iglesia.

La humilde viuda no se entrega al Señor y a los demás a través de palabras altisonantes, ni en gestos desfasados propios de tiempos pasados, ni en discursos estériles e inútiles tapados por los brillos de unos ropajes ampulosos que solo sirven para entronizar el ego de quien lo porta.

La viuda vive una fe radical en el amor y consecuente en la vida concreta. Por eso se entrega de verdad dando todo lo que tiene para vivir.

Ella vive y actúa desde una fe confiada. Esta fe confiada nace en el discípulo, cuando se tiene una relación personal de amistad con el Maestro, y lo acompaña y sigue su proyecto. Relación de amistad que hacer real lo que ella vive aun corriendo riesgos, pero confiada en Dios. «Sin contacto vital con su Persona es imposible conocer realmente a Dios y a Jesucristo, pues sin oración no es posible vivir el evangelio»[1].

Jesús dice que ella es la que más ha dado, pues se ha dado a sí misma. Sin ser “maestra de la Ley” como los escribas, ha actuado en consecuencia con la Palabra de Dios, y lo hace desde su condición de abandono y pobreza. Por eso Jesús la ha mirado, la elogia y coloca como ejemplo para todos.

Hoy necesitamos vivir esa amistad con Jesús que nos lleve a esa confianza y abandono en las manos suyas, para poder ofrecer al mundo un testimonio de amor desinteresado, de amor que es capaz de curar tantas heridas provocadas por el egoísmo y la inmadurez disfrazadas de religión, como es el caso de los escribas, y que nunca podrán sanar por el camino del poder que algunos proponen, sino por el camino del amor humilde que brota de la oración contemplativa. Sólo la contemplación de la persona de Cristo nos permite acceder a la fuente de ese amor verdadero que nos permite amar a todos los hombres como Él los ha amado.

Fr. Pablo Ferreiro, ocd.

 

[1] Fr. Pablo Ferreiro “Miren lo que ha hecho conmigo”. Teresa de Jesús una biografía espiritual. La Plata, 2021.